Como conté en la entrada pasada, la generación de producción que se formó entre el Bicentenario y Veracruz 2014 ya está entre las mejores del mundo en este oficio. Eso significa que hoy México tiene algo que muy pocos países pueden decir: un talento humano extraordinario, con oficio real, listo para entregar proyectos de altísimo nivel.
Lo que más me emociona es ver lo que ese talento logra proyecto tras proyecto. En 2024, en Monterrey, produjimos "Nuevo León Ascendiendo" para los 200 años del estado. Antes, en Coatzacoalcos, habíamos hecho algo parecido para los 500 años de la Villa del Espíritu Santo: una narrativa histórica completa, con una calidad artística que compite con cualquier producción internacional.
Cuando los recursos son distintos a los de otros países, uno aprende a inventar la solución inteligente. Escenografías que en otro lugar llevarían tres proveedores especializados, aquí las resuelve un solo taller con ingenio y horas extra. Coreografías masivas ensayadas en menos días de los que se recomiendan internacionalmente, y aun así impecables. Eso no es una limitación: es una forma de creatividad que se ha ido afinando durante dieciséis años, y que hoy es, en sí misma, una ventaja que nos distingue en cualquier parte del mundo.
Me encanta imaginar hacia dónde puede llegar esta industria cuando ese ingenio se combine, cada vez más, con mecanismos de inversión pública y privada dedicados a espectáculos de gran formato, como ya existen para otras industrias creativas del país. El talento ya está aquí. Cada proyecto nuevo lo demuestra un poco más.
Cada vez que alguien de otro país ve lo de Veracruz, Coatzacoalcos o Monterrey y pregunta el presupuesto, veo la misma cara de sorpresa. Esa cara es la prueba de que el talento mexicano ya está a nivel mundial, y de que apenas estamos empezando a mostrar todo lo que somos capaces de construir.
Tenemos la capacidad. ¡Sabemos producir con calidad mundial a la mexicana! Cada proyecto abre una puerta más para demostrarlo.
Como conté en la entrada pasada, la generación de producción que se formó entre el Bicentenario y Veracruz 2014 ya está entre las mejores del mundo en este oficio. Eso significa que hoy México tiene algo que muy pocos países pueden decir: un talento humano extraordinario, con oficio real, listo para entregar proyectos de altísimo nivel.
Lo que más me emociona es ver lo que ese talento logra proyecto tras proyecto. En 2024, en Monterrey, produjimos "Nuevo León Ascendiendo" para los 200 años del estado. Antes, en Coatzacoalcos, habíamos hecho algo parecido para los 500 años de la Villa del Espíritu Santo: una narrativa histórica completa, con una calidad artística que compite con cualquier producción internacional.
Cuando los recursos son distintos a los de otros países, uno aprende a inventar la solución inteligente. Escenografías que en otro lugar llevarían tres proveedores especializados, aquí las resuelve un solo taller con ingenio y horas extra. Coreografías masivas ensayadas en menos días de los que se recomiendan internacionalmente, y aun así impecables. Eso no es una limitación: es una forma de creatividad que se ha ido afinando durante dieciséis años, y que hoy es, en sí misma, una ventaja que nos distingue en cualquier parte del mundo.
Me encanta imaginar hacia dónde puede llegar esta industria cuando ese ingenio se combine, cada vez más, con mecanismos de inversión pública y privada dedicados a espectáculos de gran formato, como ya existen para otras industrias creativas del país. El talento ya está aquí. Cada proyecto nuevo lo demuestra un poco más.
Cada vez que alguien de otro país ve lo de Veracruz, Coatzacoalcos o Monterrey y pregunta el presupuesto, veo la misma cara de sorpresa. Esa cara es la prueba de que el talento mexicano ya está a nivel mundial, y de que apenas estamos empezando a mostrar todo lo que somos capaces de construir.
Tenemos la capacidad. ¡Sabemos producir con calidad mundial a la mexicana! Cada proyecto abre una puerta más para demostrarlo.