La nominación al Emmy de Veracruz 2014, de la que ya hablé, no fue un golpe de suerte. Fue la prueba de que se puede competir de tú a tú con cualquier empresa internacional del ramo.
México tiene un bagaje cultural profundo y amplio: música, danza, artesanía, narrativa histórica que ningún otro país puede replicar porque es literalmente nuestra. Eso nos convierte en un semillero de artistas casi sin proponérselo, y hay un liderazgo creativo aquí que se puede exportar sin pedir perdón por ello.
Cuando digo "a la mexicana" no hablo de una versión reducida de lo que se hace afuera. Hablo de una forma distinta de resolver: visionar grandes eventos con presupuestos que en otros países se considerarían insuficientes para la escala que se pide, y aun así entregar soluciones creativas que compiten con cualquiera.
Ese ingenio casi nunca sale de un solo lugar. Sale de artesanos que adaptan una técnica textil tradicional a una escenografía monumental sin que nadie les haya enseñado a hacerlo así. Sale de técnicos de iluminación que estiran un equipo rentado el doble del tiempo previsto porque no hay presupuesto para más días de renta. Sale de coordinadores de logística que resuelven con transporte local lo que en otro país se resolvería con una flotilla dedicada. Ninguno aparece en los créditos de un premio internacional, pero son, tanto como la dirección artística, la razón por la que esta calidad mundial existe y se sostiene proyecto tras proyecto.
Y no es exclusivo de un evento. Lo he visto repetirse en proyectos distintos, con equipos distintos, en distintos estados del país: la misma combinación de gran calidad artística, producción de nivel internacional y un poder mexicano notablemente creativo, asertivo y solucionador. Un poder que no depende del presupuesto más grande, sino del ingenio más afilado, aunado a la disciplina y al orden de las grandes producciones.
Creo firmemente que este es el momento en que México puede posicionarse, de manera consciente y estratégica, como exportador de este tipo de talento: no solamente mano de obra técnica, sino dirección artística y visión creativa completa. Otros países ya nos buscan por precio. Ahora estamos listos para que también nos busquen por calidad.
Calidad mundial ejecutada a la mexicana. Esa es la exportación que nadie ha nombrado todavía.
La nominación al Emmy de Veracruz 2014, de la que ya hablé, no fue un golpe de suerte. Fue la prueba de que se puede competir de tú a tú con cualquier empresa internacional del ramo.
México tiene un bagaje cultural profundo y amplio: música, danza, artesanía, narrativa histórica que ningún otro país puede replicar porque es literalmente nuestra. Eso nos convierte en un semillero de artistas casi sin proponérselo, y hay un liderazgo creativo aquí que se puede exportar sin pedir perdón por ello.
Cuando digo "a la mexicana" no hablo de una versión reducida de lo que se hace afuera. Hablo de una forma distinta de resolver: visionar grandes eventos con presupuestos que en otros países se considerarían insuficientes para la escala que se pide, y aun así entregar soluciones creativas que compiten con cualquiera.
Ese ingenio casi nunca sale de un solo lugar. Sale de artesanos que adaptan una técnica textil tradicional a una escenografía monumental sin que nadie les haya enseñado a hacerlo así. Sale de técnicos de iluminación que estiran un equipo rentado el doble del tiempo previsto porque no hay presupuesto para más días de renta. Sale de coordinadores de logística que resuelven con transporte local lo que en otro país se resolvería con una flotilla dedicada. Ninguno aparece en los créditos de un premio internacional, pero son, tanto como la dirección artística, la razón por la que esta calidad mundial existe y se sostiene proyecto tras proyecto.
Y no es exclusivo de un evento. Lo he visto repetirse en proyectos distintos, con equipos distintos, en distintos estados del país: la misma combinación de gran calidad artística, producción de nivel internacional y un poder mexicano notablemente creativo, asertivo y solucionador. Un poder que no depende del presupuesto más grande, sino del ingenio más afilado, aunado a la disciplina y al orden de las grandes producciones.
Creo firmemente que este es el momento en que México puede posicionarse, de manera consciente y estratégica, como exportador de este tipo de talento: no solamente mano de obra técnica, sino dirección artística y visión creativa completa. Otros países ya nos buscan por precio. Ahora estamos listos para que también nos busquen por calidad.
Calidad mundial ejecutada a la mexicana. Esa es la exportación que nadie ha nombrado todavía.