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La danza tiene que volverse mainstreamDance has to become mainstream

Bailarina de danza aérea suspendida sobre una multitud iluminada, en plena presentación masiva

Desde 2007 dirigí espectáculos multimedia, y me criticaban por eso. Traer temas y diseños mainstream al mundo de la danza no era, según muchos colegas de entonces, un camino serio. Yo pensaba distinto, y lo sigo pensando ahora que veo hacia dónde van los coreógrafos nuevos, incluso la Ópera de París.

Elegí la danza aérea porque sorprendía tanto al espectador que lo sacaba de su zona de confort: riesgo, vértigo, equilibrio, cosas que no se explican, se sienten en el estómago. Ahí entendí lo que después se volvió el centro de mi trabajo: la danza es difícil de entender porque hay que dejarse sentir sin entender del todo. Por eso al público general le cuesta acercarse, y por eso tantas salas de danza contemporánea se quedan medio vacías mientras un concierto masivo agota boletos en minutos.

Lo fácil es entender. Lo necesario es sentir.

Como creadores, nuestra tarea es acercar, no simplificar. Hay una diferencia enorme entre bajarle el nivel artístico a una pieza para que "todos la entiendan" y diseñar la manera en que llega a más gente sin traicionar lo que quiere decir. Lo primero es condescendencia. Lo segundo es oficio. Cuando meto una estructura móvil o una escenografía monumental a una pieza de danza, no es porque la danza "sola" no alcance. Es para darle a quien nunca ha visto danza en su vida una puerta de entrada antes de que decida que "eso no es para mí".

Lo he visto funcionar: familias enteras, niños incluidos, boquiabiertos ante una secuencia de danza aérea dentro de una ceremonia masiva, cuando jamás habrían comprado un boleto para verla en un teatro pequeño. No es que el público sea superficial. Es que nadie les había abierto la puerta antes.

Las críticas de 2007 no desaparecieron de un día para otro. Durante años tuve que explicar por qué mezclaba lo "serio" con lo "comercial", como si esas palabras no pudieran convivir. Con el tiempo dejé de explicarlo y empecé a mostrar resultados: salas llenas donde antes había butacas vacías. Esa fue la única respuesta que de verdad convenció a quienes dudaban.

La danza tiene que salir de los formatos convencionales para llegarle a más públicos. No para dejar de ser danza. Para dejar de ser un secreto bien guardado entre quienes ya sabían el código.

From 2007 I directed multimedia shows, and I was criticised for it. Bringing mainstream themes and designs into the world of dance was not, according to many colleagues at the time, a serious path. I thought differently, and I still think so now that I see where young choreographers are going — even the Paris Opera.

I chose aerial dance because it surprised the spectator so much that it pulled them out of their comfort zone: risk, vertigo, balance — things that aren't explained, they're felt in the stomach. There I understood what later became the centre of my work: dance is hard to understand because you have to let yourself feel it without fully understanding it. That is why the general public struggles to approach it, and why so many contemporary dance houses stay half empty while a mass concert sells out in minutes.

The easy thing is to understand. The necessary thing is to feel.

As creators, our task is to bring closer, not to simplify. There is an enormous difference between lowering a piece's artistic level so that "everyone understands it" and designing the way it reaches more people without betraying what it wants to say. The first is condescension. The second is craft. When I put a moving structure or a monumental set into a dance piece, it isn't because dance "on its own" falls short. It is to give someone who has never seen dance in their life a doorway before they decide that "this isn't for me".

I have seen it work: whole families, children included, open-mouthed at an aerial dance sequence inside a mass ceremony, when they would never have bought a ticket to see it in a small theatre. It isn't that audiences are superficial. It's that nobody had opened the door for them before.

The criticism from 2007 didn't disappear overnight. For years I had to explain why I mixed the "serious" with the "commercial", as if those words couldn't coexist. Eventually I stopped explaining and started showing results: full houses where there used to be empty seats. That was the only answer that truly convinced those who doubted.

Dance has to leave conventional formats to reach wider audiences. Not to stop being dance. To stop being a well-kept secret among those who already knew the code.